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Moriremos tranquilos comiendo pastes…

Moriremos tranquilos comiendo pastes…

De la empanada o pasty rellena de carne de res picada con papa, cebolla y nabo que los ingleses trajeron a Real del Monte, Hidalgo, durante el siglo XIX surgió una de las comidas más representativas de la región.

 

Desde que se popularizaron los pastes, en muchas casas de Real del Monte se instalaron hornos de tabique rojo donde las mujeres suelen prepararlos. El paste es un pan, que puede estar hojaldrado, relleno de combinaciones de ingredientes que van desde el mole, la tinga hasta el arroz con leche o guayaba.

 

La principal diferencia entre un paste y una empana radica en el momento del horneado puesto que mientras que en el primero todos los ingredientes deben ir crudos, en el segundo van cocidos.

 

En sus orígenes, el paste era consumido, principalmente, por mineros ya que podían permanecer tibios gracias a su proceso de cocción en crudo. La trencita de masa que llevan alrededor servía a los mineros para tomarla como agarradera, no la comían pues tomaban el paste de ahí ya que no podían lavarse las manos.

 

El paste es toda una experiencia para el paladar y trae consigo una historia y la representación de una emblemática mezcla cultural, como dice el dicho de Real del Monte: “moriremos tranquilos comiendo pastes porque sabemos que estamos más cerca del cielo”.

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